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Egoyan recrea el genocidio armenio y el
cine palestino sorprende 55º FESTIVAL DE CINE DE CANNES Reflejo cinematográfico de los conflictos de Oriente Medio Atom
Egoyan recrea el genocidio armenio y el cine palestino sorprende con humor
negro
+ 55º FESTIVAL DE CINE DE CANNES En "Ararat", presentada ayer en la sección oficial pero fuera de concurso, el alter ego de Egoyan es Charles Aznavour, quien reaparece como actor encarnando a un cineasta armenio que filma, en Canadá, la masacre -sacada a colación por Hitler ante sus colaboradores- precisamente contra su pueblo. La idea surgió de un encuentro en 1996 entre el cantante francés (que habla las dos lenguas de Armenia) y el director de "Exótica". Casi seis años ha tardado en cristalizar este proyecto, una película cuya mayor originalidad reside en su capacidad de abordar el genocidio armenio a través de un prisma actual. Un prisma diferente, propio de Egoyan. El relato de "Ararat" parte del supuesto rodaje de una película sobre el genocidio armenio que dirige el cineasta interpretado por Aznavour. Y también del poder de evocación de un cuadro, realizado por un pintor armenio en la que, de niño, ese mismo pintor se dibuja a sí mismo acompañado de su madre. En "Ararat", Egoyan es fiel a una peculiar manera de narrar, de la misma manera que sigue fiel a sus actores habituales: su esposa Arsinée Khanjian, Elias Koteas. Con la novedad de un soberbio Aznavour y un insólito Christopher Plummer, en el papel de veterano oficial de policía con arraigadas convicciones religiosas. En su comparecencia ante la prensa, Aznavour aludió a la animadversión gubernamental de Ankara hacia el filme. "Aún no han visto `Ararat', película que puede servir para la reconciliación, si bien hasta el momento los turcos siguen negando el genocidio." Si en la pasada edición sorprendió un filme bosnio, "En tierra de nadie", de Denis Tanovic, que luego se alzaría con el Oscar, la sorpresa lleva este año un título oportuno: "Intervención divina". Es el segundo largometraje dirigido, escrito y protagonizado por el palestino Elia Suleiman (Nazaret, 1960). Su subtítulo resulta esclarecedor: "Una crónica de amor y dolor". Ante el absurdo de la guerra, Suleiman, cuyo padre, antiguo combatiente de la resistencia en 1948, fue torturado por los soldados israelíes, escoge a su vez la vía del absurdo humorístico dentro de la tragedia absurda. Una comicidad a la postre aterradora, cuyo momento culminante llega cuando el personaje que interpreta el propio Suleiman suelta un globo con la efigie de Arafat, que causa consternación en un puesto fronterizo israelí, cuyos mandos consultan por teléfono si deben abatir o no el incómodo globo. No hay maniqueísmo en este filme, como tampoco lo había
en el de Amos Gitai, "Kedma", ya proyectado y que aborda el
incierto nacimiento del Estado de Israel en 1948. Y es que tanto Gitai
como Suleiman son dos disidentes de la ortodoxia de sus respectivos pueblos. |